domingo, 15 de marzo de 2015

Los grandes almacenes y su surgimiento: I

Los ultramarinos antes vendían de todo desde lujosos detalles hasta lo más básico, eran proveedores de delicatessens importadas desde el extranjero- té, café, azúcar, especias, frutos secos, productos lujosos italianos … Cuando todas estas mercancías fueron haciéndose más baratas y más accesibles a la gente la función y mercado de estas tiendas cambió.

 Durante algún tiempo algunos proveedores de comida por sus nombres indicaban altos niveles de especialización – los comestibles eran vendidos por gente como el vendedor de mantequilla, queso, huevos y bacon, también había vendedores de harina, mantequilleros, queseros y así. Pero a principios del siglo XIX esta rigidez empezó a relajarse y los ultramarinos también vendían mantequilla, bacon, jamón o arenques. Los que vendían aceite también podían vender queso  e incluso el mantequillero podía vender carne de cerdo.

 Esto no era nada raro : en 1846 la Circular de Ultramarinos y Listas de Precios , una publicación mercantil, apuntó mantequilla, queso, huevos, cerdo- todos productos que oficialmente los ultramarinos no vendían. Para la mayor parte de la gente la dieta básica a mediados del XIX consistía en pan o patatas, con un poco de mantequilla, queso o bacon, té con *azúcar y un poco de sal. El siglo XIX había mostrado a los proveedores los beneficios que podía generar vender grandes cantidades en pequeños comercios de estos productos. Los problemas del transporte y las consecuencias del desarrollo de los mayoristas  y los centros de distribución, y la concentración de la población en los centros urbanos dio pronto la idea de vender un pequeño rango de productos- comprados al por mayor - a precios bajos, a la vez práctico y muy rentable.

 En el  1790 , antes de las guerras francesas, el trigo costaba entre 48 guineas y 58 guineas, un cuarto en 1795 era 90 guineas, y en 1800 increíblemente 113 guineas – en una década se produjo el aumento del 135 por ciento. Hay una infinita sucesión de motines  por la comida , más de veinte entre 1756 y 1818, y una docena de estos en las últimas dos décadas. Hubo también intentos en este periodo de encontrar maneras más pacíficas de sobrellevar el aumento del precio. Una solución era crear un grupo social  que resultara algo familiar o club. Grupos de consumidores unidos en sociedades de harina o pan para obtener ganancias para comprar estos productos de primer necesidad a precios reducidos. 

 Muchas de estas sociedades no triunfaron, debido a la inversión de capital, pero una de las más prósperas fue la de la Compañía de Harina y Pan de Birmingham, empezó en 1796 con un capital de 6 000 libaras de sus miembros. En 1800 tenía 1 360 socios . Otros grupos siguieron este ejemplo, utilizando lo que se convirtió en métodos comunes: pedidos a gran escala o el pago al contado con descuentos al por mayor. En las primeras décadas del siglo XIX seguía habiendo otros grupos, de origen más idílico que tomaron como punto de partida algunos principios del reformista socialista Robert Owen. 

 En 1827 se crearon la Cooperativa de Brighton  Benevolent Associaton y la Cooperativa Mercantil para conseguir suscripciones semanales para educar a la gente en valores de cooperación, y para comprometer a un comercio minorista para acumular capital con sus beneficios y establecer una comunidad basada en los principios de la cooperación. William King, un doctor , fue el pionero, teniendo ya un puesto en el Instituto Mecánico de Brighton , también publicó The Cooperator, un periódico de buena tirada en el norte y en Midlands con una fuerte influencia del tardío movimiento cooperacionista.

 Un temprano Congreso Cooperativo se llevó a cabo en Manchester en 1831, para establecer la Unidad Cooperativa del Noroeste de Inglaterra, y para abastecer a almacenes mayoristas de varias sociedades en Liverpool. Esta temprana iniciativa sentó ejemplo y en 1850-1860 una nueva generación de trabajadores intentaron crear sociedades similares como en la ciudad de Rochdale en Yorkshire . Rochdale había tenido una próspera  industria de franela  durante siglos, pero con la llegada de los nuevos telares  la economía de la ciudad no fue tan estable. Las nuevas industrias de minería del carbón, molinos de algodón  y el desarrollo de la maquinaria  se sumó a las hambrunas de los años 40 del siglo XIX, y la confianza de las nuevas factorías en la contratación de extranjeros generó grandes penurias en el lugar.


  En 1844 el club de Rochdale Pioneers estaba formado por 30 miembros que tenían la intención de vender comida y vestido en poco tiempo a precios más asequibles, el grupo espero para trasladarse a un edificio en un barrio obrero , creando sus propias tiendas. La principal diferencia entre The Pioneers y otros clubs era que los beneficios se pagaban a cada socio a proporción de la cantidad de dinero que ellos habían gastado en la tienda por año : un dividendo por compras. La depresión de 1847 solo se trabajo en más miembros, en 1848 eran 140 y dos años más tarde 600.

 En 1850 otro grupo de hombres en Rochdale intento empezar una cooperativa en un molino de maíz, imitando a los Pioneros. Cuando ellos fracasaron por no obtener capital suficiente se unieron a los propios Pioneers que habían invertido algunos de sus beneficios en el molino creando la Sociedad del Molino de Maíz. En 1852  veintidós sociedades diferentes hicieron negocios con la Sociedad del Molino de Maíz, grupos recién creados, consumidores propietarios y grupos de pequeños consumidores. En 1851 había alrededor de 130 sociedades de trabajo con los principios que los Pioneros de Rochdale habían establecido , y muchos se dieron cuenta de que esa cooperación entre ellos era la clave del éxito. 

 En 1862 una conferencia en Oldham acordó unir la Cooperativa de la Agencia Mayoristas del Norte de Inglaterra y la Sociedad de Almacenes de Suministros, al año siguiente se registró formalmente como la Sociedad de Cooperativas y Mayoristas Industriales de aprovisionamiento del Norte de Inglaterra  (más tarde conocida afortunadamente por el nombre más corto de Cooperativa de Sociedad de Mayoristas , también conocida como CWS). Este fue el inicio del movimiento de cooperativa nacional: en 1862 en Liverpool, en 1882 en Leeds y durante la siguiente década en Birmingham, Blackburn, Bristol, Huddersfield, Longton, Norhtampton, Notthingham y Cardiff. 

 Además los almacenes de compras estaban repartidos a lo largo del país y también fuera de Inglaterra : seis fueron abiertos en Irlanda en ocho años, después uno en Nueva York seguido de en Europa en Rouen, Dénia, Copenhague , Aarhus, Odense, Esbjerg, Gothenburgo y Hamburgo y más allá en Montreal y Sydney. Y por si este imparable camino fuera insuficiente  la Cooperativa abierta tenía sus propias materias primas si era necesario : una quesería en Irlanda desde 1889, granjas de cerdos en Dinamarca desde 1900 y en Irlanda desde 1901; incluso propiedades de plantaciones de té en Ceylan en 1913.

 En 1860 la idea de la cooperativa mercantil había evolucionado mucho desde sus orígenes, y varios grupos de clase media estaban empezando sus propias versiones. La primera fue en 1864 cuando algunos secretarios de la Oficinas de Correos de Londres se unieron en un club para comprar un arcón de té  a precio mayorista. Después los beneficios los invirtieron en café y azúcar, y en 1865 la Asociación de Abastecimiento  de la Oficina de Correos se formalizó , antes de seis meses eran 700 miembros, y cambió su nombre a Asociación de Servicio Civil de Aprovisionamiento  cuya intención era proveer a los Oficiales del Servicio Civil y sus amigos a precios más bajos. En 1866 se convirtió en la Sociedad Cooperativa de Servicio Civil y en 1872 la Sociedad cooperativa de la Armada y la Marina abierta a los “oficiales y sus viudas, oficiales sin pensión, contramaestres, secretarios del servicio de clubs y cantineros”, y cualquier otro amigo que quisieran incluir. Se jactaban de ofrecer una nueva combinación : precios bajos, reducción del servicio  a cambio de venta al contado, precio fijo, algunas buenas mercancías y descuentos extra por compra en lote. 

  Pronto el servicio de correo se añadió a esta lista de servicios, junto con otra amplia variedad: vino, tabaco, ropa de bebé, libros, botas y zapatos, carbón, alfombras, paños, leche y mantequilla, carne, pianos e incluso instrumentos quirúrgicos. La Sociedad Cooperativa de Servicio Civil y la Marina y Armada estaba ahora muy lejos de las necesidades de la clase trabajadora del movimiento original, y estaban evolucionando a ser unos grandes almacenes . Los grupos conectados con el CWS permanecieron fieles a sus orígenes vendiendo solo verduras, carne fresca y en algunos lugares pañerías, sastrerías, zapatos y zuecos.

 A pesar de la estructura financiera que unía a estas cooperativas con otras de clase media , la variedad de productos en las tiendas de cooperativa estaban más cerca de parecer  lo que hoy en día son cadenas de tiendas que fueron apareciendo rápidamente en los centros de las ciudades a un mismo tiempo. Las cooperativas y almacenes eran similares en que ambos tenían como cliente a la clase trabajadora, y ambos ayudaban en su medida a lograr reducciones de precio, también ambos vendían una estrecha variedad de productos, alimentos de primera necesidad a precios fijos, aceptaban solo pago al contado , atraían a sus clientes marcando vistosamente las tiendas con su nombre, y proveían un escaso mínimo de servicios para mantener los costes bajos.   Eran diferentes de todos modos  en algo muy sencillo, las cooperativas estaban localizadas en grupos que compartían servicios, fijaban sus propios precios y compartían sus beneficios entre sus socios mediante el dividendo por las compras . Esto contrastaba con las necesidades de los almacenes que solo querían tener beneficios para sus propietarios.

 El crecimiento de los almacenes se produjo a finales del siglo XIX, pero los comienzos habían estado ahí antes. Mrs Williams de Manchester es el típico ejemplo, después de que Mrs. Williams se casara con un minero, antes había tenido una verdulería en Didsbuy un suburbio prospero en Manchester. En 1865 compró una tienda doble  allí, en 1888 abrió otra tienda en Cheadle, en 1891 otra más, en esta ocasión en West Didsbury, con menos de 30 años tenía cinco tiendas y todas prosperas en un suburbio de clase media. Más tarde fueron treinta. 

 Un patrón similar sino igual fue Thomas Lipton, nació en Glasgow en 1850, era el hijo de un obrero irlandés y su mujer, que habían emigrado durante las hambrunas. A los 18 años trabajó con sus padres en una pequeña tienda de alimentación, después se mudaron, y con algunos ahorros y las ganancias de un año abrieron una segunda tienda. En 1880 tenía 12 tiendas en Glasgow que generaban 200 000 libras. Su primera tienda en Inglaterra  se abrió al año siguiente , y en 1889 tenía 30 tiendas que generaban 1’5 millones de libras. Menos que una década más tarde cuando había 242 tiendas en Inglaterra con servicio de restaurantes y puntos de venta más allá del país.


 Las tiendas de Lipton tenían una limitada variedad de productos- bacon, jamón, mantequilla, huevos y queso- y estos se intentaban comprar lo más barato posible a los mayoristas, necesitaban que el gasto fuera mínimo y la cantidad de producto amplia ya que tenían una gran cantidad de tiendas que aprovisionar. A esto además se unía una muy buena combinación de reducción de precios  y promociones. Lipton se dio cuenta de que sus ofertas a precios reducidos de producción irlandesa funcionaban – el jamón costaba de 5 a 7 peniques por libra, mientras en cualquier otro lugar costaba de 7 a 10 peniques . En 1877 en  su famoso anuncio “Lipton por un billete de libra”  prometía ofrecer en cualquiera de sus establecimientos jamón, mantequilla y huevos como los que se daban en cualquier otro sitio al precio de una libra". 

 Esto fue financieramente posible, e incluso beneficioso, gracias a una rápida facturación , bajos márgenes de beneficio  y pequeños gastos. Aprovisionó de forma rentable a la clase baja : sus tiendas también estaban en las grandes calles o pequeñas calles  densamente ocupadas por clases trabajadoras. Vendía estrictamente una variedad limitada de productos en lote, para un gran número de clientes e incluso en grandes tiendas : en Pisley, un suburbio de Glasgow, tenía una tienda tan grande que estaba atendida por doce cajeros. Sus tiendas de Glasgow , tal como él decía, vendían diariamente una tonelada y media de mantequilla en terrón y 50 cajas de mantequilla en rollo, una tonelada de bacon, una tonelada y media de jamón y media tonelada de queso y 16 000 huevos.


(Continuará.... )



*El azúcar antes de bien entrado el siglo XIX era un objeto insoluble . El azúcar estaba originalmente procesada mediante la cocción de la caña de azúcar con agua de limón y sangre de buey , la sangre coagulada absorbía las impurezas (y con esto el color marrón del azúcar). El liquido restante era entonces filtrado, concentrado y metido en moldes, donde se solidificaba. Las barras resultantes se rompían entonces y se repurificaban antes de ser transformadas en barras cónicas y vendidas. Los ultramarinos rompían estas grandes barras con martillos , pero las pequeñas barras que compraban las amas de casa aun debían ser cortadas en pequeñas piezas con tenazas . El proceso industrial afortunadamente reemplazó la sangre de buey por la fuerza centrífuga.



Bibliografía:

FLANDERS, J. , Consuming passions. Leisure and pelasure in Victorian Britain, Harper Press, 2006, Londres.

sábado, 31 de enero de 2015

La habitación decimonónica.





¿Alguna vez os habéis preguntado al ver esas pelis de época cómo eran las habitaciones de verdad?, yo me lo pregunto muchas veces, seguramente debido a que paso la mayor parte de mi existencia recluida en mi habitación cuando no estudiando, leyendo o escuchando música. Esto es algo que para empezar no gustaría mucho a nuestros amigos victorianos, la verdad es que tenían una manía con respecto a esto de hacer diversas cosas en una misma habitación, y es que cada habitación era para una cosa, y el mezclarlo era cosa poco moral y poco civilizada, dicho esto si que hemos de decir que durante mucho tiempo las camas fueron compartidas, y no solo en las casas donde todos nos conocemos, no no, porque incluso en los hostales uno podía despertarse con un inquilino al lado ocupando su parte proporcional de cama.

Es muy curioso que aunque un matrimonio compartiera habitación, como se data  en un matrimonio de 1834, los Sambourne, una pareja que vivía en Kensington,  tenían vestidores separados, claro que cuando sus dos hijos, niño y niña, crecieron lo suficiente como para no verse apropiado que durmieran en la misma habitación, el vestidor del padre acabó por ser ocupado por la habitación de su primogénito.

Además de no mezclarse los vestidores también había cosas que los victorianos se resistían a mezclar y es lo personal con los negocios, y digo esto porque tenían una especial manía a que la tinta no llegara a su habitación, una famosa decoradora de interiores llamada Mrs. Haweis añade que :

"Un caballero deberá atenerse de utilizar las toallas para limpiarse la tinta de las manos, así sea la toalla del baño, así como de salpicar agua."

Hay que decir que esta mujer llevaba la manía de "cada cosa para lo suyo" a extremos tales como para no permitir que ni siquiera sus invitados se pudieran leer en la cama (¡qué desfachatez, cómo si no tuviera biblioteca para esos menesteres!, la cama es para dormir.) , y por supuesto no permitía ni plumas, ni tinta.

Los muebles en sí en las habitaciones eran muy muy variados, y todo dependía  ya no solo del gusto, sino de las capacidades económicas de los habitantes de la casa, podía ir desde elaboradas habitaciones con baño, a camas baratas. De todos modos los muebles solían ser menos lujosos que los que se encontraban en las salas inferiores, que debían mostrar como recepción a los visitantes el poderío económico de los habitantes de la misma, según las memorias de una tal Mrs. Panton sobre su juventud en torno a 1850, describe que la alfombra de su habitación era "una especie de monstruosidad con hojas verdes extendidas y manchas rojizas" que fue desterrada del cuarto de dibujo a las habitaciones superiores, hasta llegar a los cuartos.

Hubo que esperar hasta mediados de siglo para que las habitaciones empezaran a ser amuebladas con un lujo casi semejante al de las salas de recepción , esto significa el uso de bonitas y costosas alfombras, muebles de caoba, pequeñas estanterías para libros, sillas, armarios etc... las camas si era posible seguían manteniendo sus cuatro postes con cortinas, y el lavamanos se solía realizar en madera de abedul que disimulaba mejor las manchas de agua. Tal como era de esperar la variedad de muebles también se traducía en los precios que podían hacer variar el coste de un armario de 8 a 80 guineas, las cajas y todo tipo de aparadores eran utilizados para almacenar la ropa , ya que hasta el 1900 no se utilizaron los colgadores que eran denominados como "hombros", así que la ropa solía colgarse de clavijas o plegarse, debido a los voluminosos textiles la batalla sobre cómo encontrar espacio para los mismos era constante, y se solía recurrir a taburetes huecos u otomanas e incluso famosos consejeros sobre decoración como Robert Edis  recomendaba que los pasillos se llenaran de armarios con baldas para plegar los abrigos.

Como también habréis visto en las pelis, nuestros antepasados recientes se levantaban y se aseaban dentro de la habitación, pues bien el lavamanos y los componentes de aseo también eran  muy diversos, estos solían ser un mueble con railes a los lados para dejar toallas, y su parte trasera cubierta de azulejos para evitar que las posibles salpicaduras de agua de los que no eran tan caballeros como Mrs. Panton quería, echaran a perder la madera. También había una palangana, un aguamanil, un platito para sostener la esponja, otro para el cepillo de las uñas, otro para sostener el cepillo de dientes , una botella de agua y un vaso. También había una pequeña bañera llamada "bañera de cintura o media bañera" , así como grandes latas de baño de cobre o de bronce para subir el agua caliente para el baño desde la cocina.

Era muy habitual también el utilizar todo tipo de ornamentos pequeños, de hecho la mesita para la toilette de Marion Sambourne, la mujer del matrimonio que anteriormente señalábamos, estaba compuesta por objetos como cinco pequeños joyeros, un set de cepillo y peine, una cajita para las tarjetas, seis pequeños tapetes, tres joyeros para anillos, un alfiletero y un guarda pañuelos de terciopelo. Es muy curioso que las mesillas de noche no se utilizaran ni fueran comunes, de hecho lo sabemos porque cuando había una enfermedad si que se pedía a las enfermeras que subieran de propio una mesita para dejar los medicamentos, Mrs. Panton, una mujer que se afanaba por dar consejos sobre fina decoración, llegó a la conclusión de que era necesario un kit de cama para las mesitas de noche compuesto por un abanico japonés, pañuelos y una cubierta de seda, poco a poco estas mesitas fueron significando el confort de poder tener a mano un libro para leer durante los desvelos nocturnos.

Todo el tema del amueblamiento de un lugar como el dormitorio además se condicionaba por los
aspectos de la higiene y la salud que empezaban a ser cada vez más importantes, cuanto más se sabía sobre la transmisión de enfermedades los decoradores de interiores más empezaron a reducir el mobiliario a la mínima expresión, una idea que ha calado hondo en nuestro pensamiento actual. Fue por entonces cuando se empezó a tener cierto reparo a lo salubre que podían ser las camas con dosel , en el libro Cassell´s Household Guide de 1869 se insiste en que las cortinas debían estar descorridas para que el durmiente no encontrara dificultades de respiración durante el sueño , poco a poco los pesados cortinajes se sustituyeron por textiles más ligeros, sin embargo, y como podemos imaginar, no todos se acostumbraron a esta idea, de hecho Mrs. Panton aconsejaba que en caso se sentirse uno incómodo con estas "camas desnudas" lo mejor para no alterar la conciencia del que la utilizaba era disponerlas en una alcoba acortinada.

En pro de la salud las moquetas se convirtieron en unas más móviles que permitían sacudirse regularmente, así como sucedió con las alfombras, facilitando así que cada semana se lavara el suelo. En la segunda mitad de siglo la higiene se convirtió en el tema preponderante a la hora de amueblar una estancia, la higiene en el periodo se relacionaba con tres aspectos básicos : la exterminación de bichejos en general , incluyendo insectos y roedores, la protección de la suciedad de diversa procedencia y la propia iluminación de las habitaciones. La iluminación por gas no se recomendaba en las habitaciones, si el gas fuera utilizado los sirvientes deberían iluminar las habitaciones antes de que sus ocupantes se encontraran en ellas, por lo que a la hora de dormir la mayor parte del oxígeno de la habitación habría sido consumido , además de esto el hecho de encender la chimenea tampoco ayudaba mucho a la ventilación teniendo en cuenta que esto sucedía en invierno cuando las ventanas debían permanecer cerradas. Por lo cual la iluminación se basaba en velas que se llevaban a la habitación, o en el mejor de los casos un par de candelabros sobre una mesa, teniendo por supuesto las cerillas a mano, en un lugar conocido de sobra para encontrarlas con rapidez en caso de necesitarse, disponiéndose frecuentemente en cajas en el propio cabecero de la cama.

El tema de la iluminación además contaba con un extra de dificultad añadido, debido a que como ya habíamos señalado la cama en sí debía estar en una posición cuidada para asegurar la privacidad, por eso no se colocaba frente a la puerta de la habitación, ni tampoco era aconsejable ponerla cerca de la corriente de una ventana, puerta o cercana al fuego, ni tampoco en un lugar donde haya exceso de iluminación algo que sería poco beneficioso para alguien que cayera en alguna ocasión enfermo. Pese a todas estas recomendaciones, al parecer, debido a la escasez de espacio y las plantas que eran comunes en el periodo, casi nunca se llegaba a una solución que cumpliera todas estas características.

Para la protección de la suciedad había aun más dificultades, el polvo no estaba compuesto únicamente de partículas voladoras, sino que además, según los libros de la época, el polvo que se colaba en casa estaba compuesto del barro seco de las calles londinenses, partículas de piedra o madera del pavimento, además de otras de animales muertos y vegetales, restos de basura, de gatos muertos ... ahí es nada.  Para solucionar la presencia de esta indeseable suciedad, a la cual se añadía la omnipresente presencia de los residuos del carbón de las chimeneas, se recurría a tapar todo lo posible con cubiertas que se lavaban frecuentemente, aunque por supuesto el hecho de adornar cada vez más estas cubiertas hizo que se hiciera muy costoso el limpiarlas , como en el caso de nuestra conocida Mrs. Panton que decidía adornar su casa con cubiertas de terciopelo con ribetes bordados que no dejaban otra opción que utilizar benceno  o limpiadores más especializados. La contaminación existente hacía que el hecho de viajar hiciera peligrar aun más la salubridad en casa, hecho comprobado cuando al cepillarse el pelo los cepillos ennegrecían, imagínate todo ese polvo depositándose nada más entrar a casa en los armarios, las alfombras etc...

Los insectos y todo tipo de animales eran otra fuente de preocupación , las cocinas y las camas eran su lugar favorito para esconderse, además hacer la cama era más complicado de lo que pueda parecer, los colchones eran de fibra orgánica, los de pelo de caballo eran los mejores, los de pelo de vaca eran más baratos  aunque aun lo eran más los de lana. Los colchones de paja se colocaban bajo los colchones de pelo para protegerlos del somier de hierro, los colchones con resortes no estuvieron disponibles hasta la segunda mitad de siglo, pero eran muy caros, y seguían necesitando colchones de pelo sobre ellos, se recomendaba además un paño de tela marrón entre ambos para que los resortes no dañaran el colchón de pelo. Los colchones de pelo mismamente necesitaban ser cubiertos con otra cubierta de tela para protegerlos de la suciedad, si la cama no tenía resortes un colchón de plumas- los cuales eran muy lujosos y difíciles de mantener- se añadía en la parte superior de todos los colchones.

Después de todo esto, lo cual era lo básico en una cama y debía ser dado la vuelta y sacudido TODOS los días para que la fibra natural no se apelmazase, se añadían además más cosas durante el invierno , en las habitaciones que carecían de chimenea  se utilizaba una sábana bajera, una superior, mantas (tres o cuatro por cama en invierno), un cabezal para las almohadas y cubiertas para las mismas. Visto lo visto no puede sorprendernos la presencia de chinches en las camas, según los consejos de Mrs. Haweis las sábanas debían lavarse cada mes mientras que las mantas se lavarían solo en verano  en el caso de tratarse de una cama individual, si se trataba de una cama compartida  las sábanas se lavarían cada quince días. Hemos de tener en cuenta que no todas las sábanas de cambiaban a la vez, las bajeras se quitaban, así como las cubiertas de las almohadas, y las sábanas superiores pasaban entonces a ser las sábanas bajeras durante los siguientes quince días. En resumidas cuentas se tenía constancia de que era prácticamente imposible tener la cama totalmente limpia , Mrs. Haweis se dio cuenta de que las cubiertas de las almohadas debían ser cambiadas con más asiduidad que las sábanas , sobre todo en el caso de los sirvientes cuyos cabellos solían estar mucho más polvorientos ensuciando sus almohadas antes.

La cuestión de la limpieza en cuanto a hacer las camas se tomaba mucho más en seria dos veces al año, durante las limpiezas otoño y primavera, era entonces cuando los colchones y las almohadas se sacaban fuera y se aireaban (y cada cierto tiempo se sacaba el relleno se retiraba lo deteriorado, se lavaba el resto y las plumas se removían  para quitarles el polvo). Este tipo de trabajo requería más espacio y tiempo que muchos otros y era la pesadilla de todas las mujeres de clase media que debían colaborar en el mismo.

A pesar de todo este cuidado era bastante frecuente la presencia de insectos, por alguna razón durante siglo XVIII estos aumentaron sustancialmente, quizás debido a la rápida urbanización. En 1880 Mrs. Haweis aseguraba que las pulgas no eran admisibles en las habitaciones dignas  aun cuando era muy fácil que alguna de estas saltara sobre ti en cualquier carruaje, ómnibus o tren, por ello era necesario mantener una continua vigilancia y la cama debía examinarse regularmente por ello. La conocida Beatrix Potter se quejaba en sus escritos sobre la cama que ocupó en un hotel durante sus vacaciones, donde tenía que dormir con su cama rodeada de insecticida.

En cualquier casa las mujeres debían comprobar la cama con regularidad, y el hecho de encontrarse un insecto suponía un auténtico horror para ellas , como la señora Carlyle decía sospechosa de unos de sus criados  :

"Ahí fuera hay un universo de bichos. He dejado de temerlos  en mi casa teniendo durante mucho tiempo una perfecta limpieza que me ha librado de todas estas abominaciones. Lo más útil es examinar las camas, para evitar cualquier tipo de controversia procedo a remover las mantas y almohadas no sin cierto sentido de la injuria, pero un día paré mis operaciones y vi algo del tamaño de la cabeza de un alfiler, y un sudor frío me recorrió al darme cuenta de que era un cría de bichejo. Y ... oh dios mío, ese pequeño debía tener padres, y abuelos y abuelas, quizás..."

Después de este descubrimiento hicieron llamar al sirviente que tuvo que desmantelar su cama. El procedimiento habitual en este caso era coger la cama y toda su ropa  y meterla en una habitación vacía o fuera , y lavar el marco de la cama con cloruro de cal  y agua , y espolvorear insecticida (Keating´s powder) por todas partes , luego esperar y repetir diariamente tanto como fuera necesario. Si la infección estaba fuera de control , la cama y los colchones se dejaban en una habitación que era sellada para hermetizarla y luego se quemaba azufre para desinfectar la cama, e impidiendo que la infección se extendiera a suelos y paredes. Otra preocupación era que la colada enviada a las lavanderas pudiera volver infectada, sobre todo teniendo en cuenta las grandes infecciones de cólera o difteria.

Como vemos en la actualidad debido a los avances , quizás las nuevas medidas de higiene, y la mayor salubridad de nuestras ciudades el hecho de habitar de forma habitual tu cuarto, dormir en él o incluso hacer otras cosas en él ya sea leer, ver la tele, escuchar música... no es tan peligroso, ni genera tanta extrañeza, pero visto lo visto antes eso de "buenas noches y que no te piquen las chinches", tenía un terrible y muy muy real sentido.




Fuentes: FLANDERS, J., "The Victorian House: Domestic life from childbirth to deathbed", Harper Perennial, 2003, Londres.